Ante la inminente ola de adolescentes que, cada vez más, buscan experimentar en las redes sociales vivencias de muchos tipos, con una variedad impresionante de personas, la Secretaría de Educación Pública (SEP) acaba de publicar, como parte del programa Escuelas seguras, la Guía de Facebook para Padres de Familia.
Este documento va destinado a los tutores de más de 24 millones de jóvenes dentro del nivel de educación básica, los cuales tienden a explotar el uso de Facebook, como una herramienta que además de hacerlos ver cool, es la ventana para amistades en todo el mundo.
Así pues con lo la guía de la SEP se busca hacer participar a los padres de familia en la iteracción de su hijo con la red social, una de las más famosas, pero también peligrosas por su carácter descriptivo y gráfico.
Idealmente, Mark Zuckerberg ideó el proyecto como una forma de comunicación entre los alumnos de Harvard, pero en 2004, el fue lanzado como producto comercial a todo el mundo y desde entonces cualquiera podía crear un perfil y adentrarse al mundo de las amistades en línea.
Desde entonces a la fecha millones en el mundo se conectan por esta red social, sin embargo en los últimos años la tasa de adolescentes, en México solamente, que han sido víctimas de abusos o acoso e incluso agresiones sexuales, se ha incrementado considerablemente.
En este marco, la SEP propuso que los padres de familia deberían estar al pendiente del uso de la red por parte de sus hijos adolescentes para frenar este problema. La solución que propone es limitar o de plano cancelar el uso de Facebook.
Pero entonces, cancelar o limitar el uso de esta red social, ¿no es contribuir a que las familias sigan dispersas aun estando juntas? Lo que no se da cuenta el órgano educativo del país es que con la opinión mayoritaria de cerrar Facebook para evitar problemas con los menores, se fomenta la desintegración de la estructura familiar.
Mientras menos se arriesguen los padres de familia a ser los amigos de sus hijos, (esto no necesariamente es romántico o utópico) la sociedad seguirá estancada y los jóvenes continuarán siendo unos ineptos para los frutos de la tecnología.
Se trata pues, no de prohibir el uso de Facebook, sino de cambiar la estrategia y crear otro tipo de programas que fomenten la comunicación familiar desde la primera infancia, de tal suerte que los chicos crezcan sabiendo lo que les conviene y lo que no, tal cual como quien decide no hacer cierta amistad porque puede haber consecuencias.
Y con estas guías sólo se contribuye a seguir poniendo tapas mentales, frenando la capacidad tecnológica y hasta emocional de los adolescentes, lo cual, para fines de esta prohibición o limitación, detiene el progreso social de los mismos, que pueden hacer uso de las redes sociales de forma sana y hasta eficiente.
El punto es: se trata de un trabajo en conjunto, padres e hijos, comunicarse y con esto no prohibir ni limitar nada, sino advertir más bien sobre las consecuencias, siempre con bases de educación. En definitiva que hace falta un reajuste en las estructuras familiares.
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